| Ciudad: | Buenos Aires, |
| Año: | sin fecha (aprox. 1942.) |
| Edición: | 1ª ed. |
| Medidas: | 14x22.5. |
| Paginación: | Una cuartilla. |
Escrita sobre la papelería personalizada de Ramón, en amarillo por una cara, y azul para en verso, con su membrete de Victoria 1970, Buenos Aires, residencia del autor madrileño y su esposa, Luisa Sofovich, desde los primeros meses de su exilio en Argentina. El periodista murciano Manuel García Viñoles (1911 - 2010) había trabajado en el periódico madrileño El Debate en los años treinta, y habrá conocido a Ramón, posiblemente en su tertulia de Pombo. En una carta de enero de 1942, dirigida a Antonio de Obregón, Ramón hace referencia a "esa misma revista TIEMPO que me anuncia dirigida por el noble y recordado Viñolas...". García Viñolas fue jefe del Departamento Nacional de Cinematografía durante la Guerra Civil, director del Teatro Español 1941-1942; fue uno de los fundadores del No-Do en 1942, pasando luego a dirigirlo en los años sesenta, pero no hemos encontrado ninguna información sobre ninguna revista que llevó en título Tiempo en España en los años cuarenta. Parece más bien un proyecto que no llegó a ver la luz. La carta de Ramón, sin llegar a ofrecer contribuciones, insinúa su disponibilidad: "Ahora como la fuerza de la paz es mayor que la de la guerra vamos a entrar en mayor cordialidad y asiduidad literaria. Como le veo en tertulia con buenos amigos de vocación literaria, he querido asistir a la tertulia para saludarle y para decirle que sigo siendo su muy devoto amigo..." Sin embargo, el tono de la carta contiene más de súplica que de vieja amistad recobrada. En sus primeros cinco años de exilio argentino Ramón ya no fue el visitante célebre de sus visitas anteriores, sino un exiliado que dependía de la generosidad de su amigo Oliverio Girondo, daba alguna conferencia y publicó tan solo un libro. Desde el principio de su estancia había revelado sus simpatías por los nacionales en la contienda española; ahora, tras estos cinco años de penuria, busca que estos nuevos jerarcas le proporcionen alguna fuente de ingresos. Una curiosidad de esta carta, al margen de su hermosa papelería, es que está escrita con bolígrafo; Ladislao Biro, su inventor había llegado a Argentina, huyendo de la Segunda Guerra Mundial, y en aquellos años empezó a comercializar su producto en su país de acogida - con un precio al público de entre 80 y 100 dólares.